Cómo reconocer tus emociones

Una de las primeras habilidades que el ser humano necesita desarrollar desde la primera infancia es poder identificar las emociones para a partir de ello poder tomar decisiones. Reconocer tus emociones parece ser algo básico; sin embargo, para muchos se vuelve un poco complicado.

Tomar conciencia de la energía que sientes cada vez que te invade una emoción fuerte es vital para poder analizar repercusiones importantes en todas las áreas de tu vida, sobre todo en la salud física y mental.

Hay tres pasos fundamentales para identificar las emociones que estás sintiendo: focalizar nuestra atención en lo que sentimos, determinar los signos y síntomas que estoy sintiendo y expresar lo que sientes.

Si no lo sabías, puedes identificar cada emoción en alguna parte de tu cuerpo. Si llegaras a darte cuenta en que parte de tu cuerpo sientes el enfado, cada vez que vuelva el síntoma o signo podrás identificar el enfado.

Todos sentimos las emociones en alguna parte del cuerpo, pero no todos en la misma parte. Por ejemplo, algunas personas les duele el pecho cuando están muy tristes, mientras que otras pueden sentir que les cuesta respirar. Por lo tanto, los signos fisiológicos son las huellas de los patrones emocionales que marcan la insistencia de una emoción.

Si cuando te preguntan cómo te sientes solo sabes responder bien o mal, tienes que trabajar un poco más en el reconocimiento de tus emociones. Ser capaz de discriminar entre las 6 emociones básicas es una habilidad fundamental para poder gestionar lo que sientes.

Sabemos que la alegría se contrapone a la tristeza y la ira al miedo; pero estas no son las únicas emociones que existen. Según Daniel Goleman (1995), las emociones básicas son seis, y el desarrollo de la inteligencia emocional viene a ser básico para poder gestionarlas.

Instrucciones para reconocer tus emociones

A continuación, te presento una serie de signos fisiológicos o síntomas que pueden ayúdate a identificar las emociones que posiblemente puedas estar experimentando y no las estés reconociendo adecuadamente.

  1. El miedo: el noventa por ciento de las personas que sienten miedo presentan una aceleración del ritmo cardiaco y de la respiración. Su temperatura corporal baja y tienen rigidez muscular y sudoración. Suele focalizarse en el pecho, estómago y la espalda. La reacción más instintiva es querer huir, salir corriendo o esconderse.
  2. La ira: las personas con ira hiperventilan su respiración, por lo que la falta de oxigenación en la sangre cause dolor de cabeza, tensión en la mandíbula y cuello. Su temperatura corporal aumenta rápidamente y suelen tener la sensación de tener fiebre. Suele focalizarse en el cuello, los hombros y en la cabeza. Es fácil de identificar las reacciones de ira por el impulso a hacer movimientos violentos, subir el tono de la voz y fruncir el ceño.
  3. La alegría: el cien por ciento de las personas cuando están alegres sienten una sensación de llenura en el pecho. Su respiración se hace más profunda, su temperatura corporal aumenta un poco, no tanto como con la ira y suele focalizarse en el pecho y el estómago. Generalmente se expresa con gestos de euforia, bailes, brincos, abrazos, besos y palabras afectuosas.
  4. La tristeza: casi el cien por ciento de las personas que están tristes presentan una ralentización del ritmo cardiaco y la respiración. Su temperatura corporal baja, por lo que sienten frío. La oxigenación del cerebro se ralentiza, presentan relajación muscular y cansancio al punto de querer dormir mucho o estar en reposo. Muchas personas afirman sentir un nudo en la garganta y muchos deseos de llorar o no hacer nada.
  5. La sorpresa: puede tratarse de algo positivo, como el asombro, o de algo negativo como el desconcierto. Inicialmente acelera la respiración y el ritmo cardiaco, puede causar sudoración, dolor en el pecho, tensión muscular y estado de alerta general. Esta emoción prepara el cuerpo para alejarnos a cercarnos rápidamente al elemento que nos sorprende, dependiendo si es positivo o negativo.
  6. El asco o desagrado: fisiológicamente puede producir sensación de falta de aire, náuseas o mareos, e incluso sensación de desmayo. Desde su función adaptativa impulsa a evitar algo que consideramos tóxico para nosotros, aunque en realidad no ponga en peligro nuestra vida, quizá nos desagrada porque no estamos acostumbrados a ello o por estigma social que la cultura en la que has crecido te ha impuesto.

Dos técnicas para liberar tus emociones

Aunque te duela, lo peor que puedes hacer es negarte a ti mismo lo que estás sintiendo. Al reprimir una emoción la empujas al plano del inconsciente y buscará otras vías para hacerse sentir y la atiendas. Las emociones que no expresas se somatizan en tu cuerpo, déjalas fluir con estas sencillas técnicas y libera tu cuerpo de tanta tensión emocional reprimida.

Preguntas al espejo

  • Analiza las molestias físicas que se han vuelto crónicas y el médico no les ha conseguido causa específica: dolores de cabezas, náuseas, cansancio, taquicardia, dificultad para respirar. ¿Será ansiedad? ¿Qué te podría estar causando ansiedad?
  • ¿Cuáles son las emociones que más te molestan? ¿qué despiertan en ti, qué quieres evitar? ¿las evitas? ¿Por qué crees que las evitas?
  • ¿Cuándo fue la última vez que lloraste de alegría? ¿Cuándo fue la última vez que lloraste de tristeza?, ¿Cuándo fue la última vez que lloraste de ira?, ¿lloras con frecuencia o nunca lloras? ¿Por qué?
  • Todas estas preguntas hazlas frente a un espejo. Solo en tu habitación o en un parque, realmente no importa el lugar, lo que importa es que estés solo y cómodo.
  • Puedes utilizar incluso hacer un video de esto donde visualices en la pantalla tu rostro, para posteriormente mirarlo y reflexionar sobre todo lo que has dicho.
  • Recuerda que puedes borrar este video luego de haberlo visto. Nadie tiene porque saber lo que has estado preguntándote a ti mismo.

La silla vacía

  • Haz una lista de 4 situaciones que te generan ira, tristeza, miedo y alegría.
  • Agrégale a la lista un signo fisiológico que sientes con recurrencia ante cada emoción.
  • Luego, súmale a este signo una acción que asocies a la liberación de esa emoción. Por ejemplo, si sientes que llorar te hace sentir mejor frente a la tristeza coloca la palabra llorar.
  • Coge dos sillas y coloca una frente de la otra. Siéntate en una y visualiza en la otra silla a una persona con la que te sientas en confianza como para contarle tus más íntimos secretos.
  • Luego, en voz alta, cuéntale a esa persona imaginaria cómo te sientes respecto a la lista que has realizado. Piensa que esa persona va a ayudarte, no te va a juzgar.
  • Finalmente, cuando termines, te cambias de silla y te pones en el lugar de esa persona que imaginaste. Con todo lo que le has dicho, analiza qué consejo le darías, como si se tratara de un viejo amigo y no de ti mismo.
  • Incluso puedes utilizar una grabadora. Esto te va a ayudar a tomar distancia de lo que te está sucediendo y a no juzgarte a ti mismo respecto a lo que estás sintiendo. Puedes borrar esa grabación inmediatamente después de escucharla, no necesitar guardarla.

¿Que necesitas para reconocer tus emociones?

Lo primero que necesitas es aceptar lo que estamos sintiendo frente a algo a alguien o a alguna situación. ¿Te ha sucedido que crees estar muy enfadado con alguna situación y resultó que solo estabas tiste? Detrás de todos los síntomas que parecían indicar que se embargaba un gran sentimiento de ira solo se escondía un sentimiento de soledad que te entristecía. ¿Cómo puede ser esto? Permíteme explicarte.

¿Has escuchado la frase “el cuerpo habla” ?; es muy cierta, tu cuerpo te avisa la emoción que estás apreciando. Trabajar las familias de emociones a partir de las 6 emociones básicas que te he mencionado es una buena estrategia para poder etiquetar los signos fisiológicos que se manifiestan en tu cuerpo cuando estás sintiendo algo. Esto te va a ayudar a poder expresarle a las personas cómo te sientes realmente respecto a actitudes o situaciones que te estén afectando.

A veces, el miedo a reconocer la tristeza que nos causa una situación disfrazamos los síntomas y signos fisiológicos engañándonos a nosotros mismos; nos hacemos creer que estamos muy molestos, cuando realmente estamos heridos.

Por lo tanto, el primer paso es focalizarnos en lo que sentimos y reconocer los signos; pero, también es importante aceptar lo que estamos sintiendo sin juzgarnos por ello. Cada emoción tiene una función adaptativa importante en nuestra vida y desarrollo personal; ignorarlas o reprimirlas solo nos lleva a confusión e inestabilidad.

Consejos para reconocer tus emociones

  1. Todas las emociones cumplen una función adaptativa, no existen emociones malas o buenas. Debes aceptar todo lo que sientes y aprender a gestionarlo.
  2. Puedes utilizar herramientas sencillas para poder identificar tus emociones como la ruleta de las emociones, el atlas de las emociones, la tabla periódica de las emociones y muchas formas más de clasificación existentes.
  3. Permítete sentir todas las emociones: llorar, reír, gritar o dormir son expresiones necesarias para liberar toda la tensión emocional que puedes estar reprimiendo.
  4. Para aprender a conocernos a nosotros mismos debemos aprender a identificar bien nuestras reacciones frente a situaciones específicas. De esta manera, podremos anticipar los signos fisiológicos que podemos llegar a sentir ante cualquier emoción. Esto te va a ayudar a planificar mejor tus estrategias de autorregulación para no ponerte en peligro o poner en peligro a otros.
  5. No siempre es fácil reconocer o que sentimos, mucho menos aceptarlo. Por ello, te recomiendo que practiques una y otra vez tratar de identificar cada signo fisiológico, tomando nota, para analizar tus apuntes posteriormente.
  6. La autorregulación de las emociones es muy importante porque la cognición va ligado íntimamente con las emociones. Por lo tanto, las emociones son las responsables de lo que seleccionas para recordar.
  7. Este detalle es un eje fundamental para que puedas memorizar algo y entonces llegar a aprender. ¿Qué vas a recordar entonces? La sensación que te causo cierta emoción frente a una situación específica. De este modo, el aprendizaje de cualquier cosa va a depender de que signos fisiológicos se disparan desde la memoria a tu presente cuando estás frente a situaciones parecidas a las que ya has vivido.
  8. Tu cuerpo tiene una memoria emocional que se proyecta instintivamente frente a cada situación que vas experimentando a diario. En nuestro ADN contamos con un código genético que determinan nuestra tendencia emocional o reacciones frente a estímulos. Sin embargo, podemos educar nuestro estado interior a través de la autorregulación y gestión de las emociones. El primer paso para lograr esto es reconocer tus propias emociones.
  9. Ponerle nombre a lo que sientes va a aclararte mucho el panorama. No tengas miedo a tener miedo, todas las emociones son válidas. Expresar todos tus estados de ánimo adecuadamente te levanta la autoestima, te ayuda a conocerte mejor y a mejorar tus relaciones interpersonales.

 

 

 

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